viernes, 15 de enero de 2010

LOS "NINIS" SON HIJOS DE ELBA ESTEHER

Por J. Manuel Chávez

Se estima que hay en el país alrededor de 7 millones de “ninis” (Ni estudio ni trabajo), en su gran mayoría jóvenes no mayores de 30 años. En particular en Cd. Juárez se asegura que existen 80 mil ninis, todos ellos potenciales sicarios o narcotraficantes en potencia. De los 69 ejecutados que hubo en esa ciudad el sábado anterior, 9 de enero, casi todos eran ninis.

El secretario de Seguridad, Genaro García Luna, acaba de anunciar que enviará dos mil agentes federales más a esa frontera para combatir la delincuencia organizada y enfrentar la creciente violencia entre grupos criminales y de éstos con la sociedad. Este personaje, por lo visto, está muy lejos de entender el problema en su raíz y en igual condición está su jefe Calderonito.

En las noticias del miércoles 12 de enero, ayer, se informó acerca de los numerosos funcionarios del régimen depredador que ganan más que el presidente de la república, incluso hay ministros de la suprema corte de justicia de la nación que perciben casi ¡12 millones de pesos al año!, y de funcionarios del congreso que perciben más de tres millones de pesos al año.

Allí está una de las raíces de todos nuestros males. La burocracia consume más de 90 por ciento del erario, por lo cual sólo quedan pequeñas cantidades para impulsar el desarrollo del país, y estas pequeñas cantidades se pierden casi totalmente entre intermediarios y por la corrupción, es decir, no hay ningún impacto sensible de la acción del gobierno en generación de empleo y desarrollo, de allí que el número de ninis seguirá aumentando en el país, y con ello el ejército de reserva del narco y delincuencia organizada crecerá cada vez más.

Este ejército de ninis carece de la mínima esperanza en nuestro país para tener un empleo digno y contribuir con la existencia de una sociedad armónica y funcional. Casi todos ellos carecen de la mínima competitividad para disputar con ventajas en el mercado del empleo; forman parte de las generaciones emanadas de las escuelas que controla la lideresa vitalicia del sindicato de maestros, Elba Esther Gordillo, persona inculta, perversa, estólida y senil.

Sólo en nuestro país es posible la existencia de semejantes engendros, con un poder de tal magnitud como para echar a perder la educación de millones y millones de muchachos. Si los maestros reprueban cuestionamientos elementales, que no pasará con sus alumnos. Hace más de 25 años, cuando Elba Esther logró sacar del puesto a Carlos Jonguitud Barrios, quien en su momento también se declaró líder vitalicio del magisterio, inició la debacle del sistema educativo, se suspendió en las escuelas la impartición de materias como la ética y el civismo, se profundizó la corrupción con la venta de plazas, el suplantamiento de maestros fallecidos o retirados y un sin fin de tranzas ideadas para el enriquecimiento de líderes y funcionarios.

En 1995, una maestra de mi familia que había renunciado a su plaza federal para asumir una plaza estatal, fue avisada por la jefatura educativa del sur de Jalisco, denominada entonces URSE o algo así, de que si no cobraba su aguinaldo lo iba a perder. Por ese error ella se dio cuenta de que su sueldo y prestaciones, a pesar de que había renunciado años antes, seguía siendo cobrado por uno de esos gusanos asquerosos que medran en el magisterio.

Fue difícil para ella lograr que su renuncia se hiciera efectiva, pero en el inter se dio cuenta de que había innumerables casos como el suyo. En lo personal, me di cuenta de cómo mi maestro de primaria, un anciano indefenso, terminó su vida como limosnero debido a que alguien le había robado su jubilación y no le fue posible defenderla.

La entraña de esta burocracia y de muchas otras es verdaderamente repulsiva. Demagógicamente, los políticos aparentan reconocer el valor de una buena educación como recurso esencial para que un país logre grandes avances, pero no hacen nada en la práctica para cambiar las cosas. La lideresa sigue ahí tan campante sexenio tan sexenio, igual que otros líderes igualmente corruptos y nocivos como el de Pemex y Telmex, entre otros.

La prueba de que una educación de calidad levanta a un país de modo extraordinario y en corto plazo la tenemos en La India, país que hace 30 años inició un proyecto de gran alcance que ahora da resultados sorprendentes. Se comenzó separando cada año a los cien mil niños con mejores calificaciones y becándolos para que recibieran una educación intensiva y específica que desarrollara todos sus potenciales.

Hoy, ingenieros, técnicos y profesionistas hindúes gozan de tal prestigio que son contratados por firmas internacionales incluso en Europa, en cuanto a la India, es el presente una gran potencia que va por los estándares de vida de países desarrollados.

El producto de la educación auspiciada por Elba Esther es un ejército de muchachos y muchachas desesperados y desangelados que sobreviven penosamente en los límites de la honestidad como lumpen de las metrópolis, limpiando parabrisas, vendiendo chácharas o haciendo las más modestas tareas, siempre con el ojo y el oído atentos a las fanfarrias del crimen organizado. NO le deben nada a nadie porque nada recibieron, no están obligados a rendirle lealtad a un país que no les abre ninguna oportunidad, y tienen el ejemplo de diputados y burócratas que cobran bonos y sueldos millonarios sin despeinarse y sin servir a su país.

Entonces, no deben extrañarnos las múltiples muertes de muchachos y muchachas en Cd. Juárez y en otras localidades saturadas de violencia. La vida para ellos no vale gran cosa; se estima que más de 70 por ciento de los ninis vive en permanente depresión, en el columpio de las crónicas inclinaciones suicidas. Así, la omnipresente oferta para ser reclutados en las filas del crimen, prende en terreno fértil. Combatir a los ninis con más federales y soldados es como podar un árbol para que le salgan más y más ramas; es algo estúpido, es una estrategia mal oliente que pretende ante todo cubrir apariencias y mantener a salvo los privilegios de la podrida clase política y burocracia que la acompaña

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