sábado, 6 de marzo de 2010

40 Aniversario de Cancun

Por: Marlinda Estrada García (Pionera)

Los “Sabras” de Cancun: Volvieron a la tierra prometida en 1948. Llegaron de todas partes del mundo, llevaron sus lenguajes, sus costumbres, su música, su comida. Pasaron trabajos hicieron de un desierto inhabitable un país pequeño pero próspero; donde habían piedras pusieron tierra y plantaron los primeros aguacates, hoy son los principales proveedores de ellos en Europa; donde crecían hierbas hoy hay grandes cosechas. Usaron la más nueva tecnología pero también la sabiduría perdida en los siglos. No les fue fácil, nada se da fácil. Ese conglomerado humano heterogéneo se integro, por sobre las fricciones internas, y se enriqueció con los múltiples aportes culturales. Y en esa tierra nacieron hijos de rusos, polacos, alemanes, todos fueron israelitas. Se les llamo los “sabras”, los nacidos en Israel. Muchos de ellos, adolescentes aun tuvieron que pelear en las guerras regionales que todavía subsisten. Defendían no solo una nación; defendían su tierra.

Otros aventureros fueron llegando a una costa del norte de la península de Yucatán, a partir de 1970. Vinieron de todas partes de México, algunos del extranjero, fueron los pioneros, los primeros. Vieron en estas playas y esta selva su tierra de promisión. También junto con sus ilusiones y ahorritos trajeron un modo de vida. “La flor de Puebla”, “Tacos del D.F”, “Aquí es Guerrero”, “El venado”, “Chápala”, o “Jalisco”, nombres establecidos comerciales, son un reencuentro con las viejas costumbres, con el guisado “como lo hacia mamá”, con las melodías del trío o en violín y el guitarrón.

Aprendieron a convivir con tigres, serpientes, cocodrilos y tiburones. Convirtieron un pantano en un gran centro turístico mundial. Construyeron su ciudad en plena selva, la llamaron Cancún, el desafiante nombre maya llamado nido de víboras. También les fue duro, aun les sigue siendo duro. De cada diez personas que llegan a Cancún, nueve tienen que regresarse. Solo uno queda con el carácter templado, toda ingenuidad perdida.

También, a veces se pasan de duros con otros que como ellos acaban de llegarc con un morral de ilusiones. En esta sociedad en formación, que se transforma día a día, que crece sin medida, está surgiendo una nueva generación. Los niños que nacieron en Cancún y hoy tienen diez, o doce años. Niños inteligentes criados en un medio ambiente todavía sano, en medio de una maravillosa naturaleza, con mar, playa, sol, bien alimentados.

Las recientes festividades decembrinas permitieron la participación de muchos de estos niños. Hicieron piñatas, intervinieron en el delicioso ballet folklórico infantil, se disfrazaron de diablos y Ángeles en las pastorelas, cantaron los villancicos tradicionales, escribieron originales cuentos navideños. Tarde a tarde jalaron a sus padres a la Plaza de la Reforma, el Parque de Nuevos Horizontes. Allí participaron con sus aplausos, palmas y gritos; con su gran espíritu de iniciativa y energía, manifestada a veces en el desorden. Preguntaban cuando había otros eventos. Ana María Hinojosa, ganadora de la categoría infantil de cuentos, los alentaba a escribir, a mostrar su creatividad. En una palabra, a integrarse a esa corriente que va a dar frutos en pocos años, otros diez o doce, para que juntos construyan el Cancún del año 2000.

Los niños de Cancún, los pequeños “sabras”, y no uso el diminutivo para no hacer anuncios involucrados, los que nacieron con la camiseta de Cancún, los arraigados, los que aquí piensan vivir y quedarse, constituyen una autentica esperanza. No sólo para Quintana Roo, no sólo para México.

Como decía uno de los niños en su cuento, refiriéndose a un nacimiento de hace otros 2000 años: “con cada niño que nace, nace una esperanza de que el mundo cambie”.

Queridos amigos pioneros primera y segunda generación, y Cancunenses en general.

Estamos a punto de que Cancún cumpla cuarenta años, y recordé que tengo este artículo en el baúl de los recuerdos, y me pregunto:

¿Donde están estos ex niños “sabras”?, los niños que llegaron entre 1970 y 1980, que estudiaron en Bonfil, ETI, Wichita, Itzamna, Colegio Británico, etc. ¿estarán conscientes de lo que le ha pasado a Cancún estos años?, ¿es esta la sociedad que quieren?, ¿es esto lo que soñaban?, ¿son estos los gobiernos que nos merecemos?

Refiriéndome al cuento navideño “han nacido muchos niños, y el mundo no cambia”.

¿Será que ustedes y nosotros tendríamos que cambiar para que el mundo cambie?

Reflexionemos y hagamos algo, ¡involucrémonos con los movimientos civiles!, no creamos tantas mentiras por parte de los gobernantes en turno; ellos están tres años y cada tres años, llega uno peor que el anterior, no importa de qué partido sea.

Nosotros nos quedamos; “Cancún no es tierra de nadie”, nosotros somos Cancún, defendamos a Cancún.

Compartiendo calle y camino (testimonio de alguien que trabaja directamente con jóvenes marginados)

Por: Liliana Garcia Lopez

Parece que fue ayer que llegaron a mi las primeras propuestas para enseñar… empecé estudiando teatro desde los 15 años mientras estudiaba la prepa, pero sabía que en las artes escénicas seria difícil mantenerme, pues en mi familia me apoyaban mientras esto no significara que tuviera que mudarme fuera de casa.

Entonces, faltándome un año para graduarme en lengua francesa, del CEIE de la Universidad Veracruzana, me ofrecieron mi primer trabajo que no lo podía contar como tal porque no había remuneración económica
era voluntario.

Aún escucho a mi entrañable amiga Martha Ortega Alarcón… antropóloga social… hacerme la propuesta que me conecto con un mundo desconocido para mí… “LA CALLE” y empecé a entender lo que es ser peregrino y compartir el camino con los demás…

Hace unos días en Twitter y en los noticieros se referían a los blogs y desplegados que enmarcaban “La generación del NO” , “La generación perdida” hablaban de los “NINI” se referían a ellos como los sin futuro… los sin nombre… los recordé… ¡Sí… yo conozco sus nombres!

Y entonces entramos a un análisis de la situación, donde lo único que no se decía eran los porqué… mucho menos como se podía hacer algo. Pero yo si sé como… yo lo hice y si alguien más lo ha hecho va mi reconocimiento a ellos a los que como yo compartimos “VIDA CALLE Y CAMINO”

A los cientos de profesores voluntarios, asesores educativos y comunitarios… que laboran en la sombra de instituciones como el INEA CONAFE DIF IMSS que después sirven de catapulta electorera, para sus dirigentes y donde todos ellos… hacen el trabajo duro sin grandes loas ni festejos, que cumplen con la encomienda, aunque no sea reconocido su empeño, entregando un pedazo de su corazón, y a veces solventando de su mismo bolsillo, para mantener cada Aula prestada… son ellos quienes en cada “Hombre Mujer y Niño que se acerca siembran la esperanza de aprender a salir del hoyo”.. “donde ni los bueyes entran porque es peor que la barranca”… estamos en los cinturones de miseria, en las ciudades perdidas, llegamos a donde a veces ni la policía entra. Andamos en la sierra entre los cañaverales y en la pizca de lo que sea… buscando campos de peregrinos que cambian cada tres meses de lugar y de cultivo

¿Qué empuja a los niños a salirse de la escuela? Primero que nada es el hambre… la pobreza y la marginación, viene después la discriminación… sí señores muchos son discriminados por su condición social y económica y dirán algunos ¿cómo puede ser si asisten a la escuela pública?… claro está donde la escuela existe… (donde no la hay también la hemos inventado).

Son discriminados por no llevar el lápiz, o el cuaderno o el uniforme que no es obligatorio, pero como los señala si no lo portan, los discriminan por no ir limpios… (pero cómo bañarse diario si no hay agua corriente, ni para lo mas elemental) por no llevar zapatos y usar chanclas (los mas afortunados, algunos van descalzos)

Sufren de hambre y también de sueño, debido no a que ven televisión (pues la luz eléctrica ni a su colonia llega) ¡no! Es por que son hijos del señor pepenador, del diablero, del albañil, del maistro pintor de brocha gorda que apenas llega a chalán, de los millones de obreros que tenemos en nuestro país a los que un día ya no les alcanza para mandarlos a la escuela.

¿Y qué quieren que hagan? Se salen de la escuela… para ponerse a trabajar… algunos alcanzaron llegar a 3ro de primaria… sus padres…a veces ni eso. Y les duele… les duele el abandono y la incertidumbre.

Entonces aparece la banda, primero los chavos de la cuadra que trabajaron y consiguen unos pesos que nunca son suficientes y lo gastan en la primera chela, para ser parte del grupo (hoy fueron chelas… mañana mariguana… después prostituirse, robar autos… de ahí a las peleas callejeras por territorio, el siguiente paso… no está lejos… echarse un fulano al plato) pronto están en medio del narco menudeo, y de la pandilla, dinero fácil, que compra comida, que compra tiempo. y pierde conciencias… la escuela entonces también se pierde desaparece de sus necesidades.

“No hay peor corrupción que la que acaba con la inocencia de un niño, que siembra la incertidumbre del mañana, y cuando el mañana llega es aun más cruel y desolador”.

A mi me tocó rescatarlos de la calle y hasta de sus padres, que me gritaron, y alguna vez, me amenazaron, pero tuve que inventar lo no inventado, tuve que poner en práctica mis conocimientos teatrales y darle un giro, al utilizar el sociodrama, para poder darle salida a la rabia y la frustración, a la impotencia…de todos ellos (olvídenlo los psicólogos no entraron a esas periferias).

Eso hacía yo… 3 veces a la semana daba clases de español, y 3 veces a la semana taller de teatro popular, y ahí encontré mi vocación, tenia los mas rebeldes, a los agresivos, a los conflictivos de cada salón, todo aquel niño o adulto que tuviera características antisociales me lo enviaban de inmediato al taller de teatro.

Los encontraba faltos de concentración, y perdidos en su mundo, algunos suicidas, intentos frustrados todos (depresión alcohol y drogas, mortal combinación).

¡Pero nos importaban a nosotros…! y todos eran nuestros por esas horas, les enseñamos que la palabra y el libre pensamiento, puede más, que somos capaces de cambiar la historia, que deben sobreponerse a las limitaciones.

Buscar las mejores herramientas, y que esas están dentro de nosotros, que son la fuerza de voluntad, la disciplina y la constancia, y que aun cuando ya no estuviéramos a su lado, donde fueran ellos podían hacer la diferencia.

Así graduamos 6 generaciones… de primaria y de secundaria para adultos, tuve abuelas de mas de 70 años que iban con sus nietos sólo para que les leyeran el examen… porque no tenían anteojos, y porque en su época que una mujer estudiara era perdida de tiempo.

Y alumnas que descubrieron que enseñar a leer las alejó de la prostitución… y les abrió un mundo nuevo y que compartir ese rayo de esperanza, y de conocimiento con otro niño era evitar que cayeran en la trampa de donde ellas mismas habían salido.

Tuve a los duros de la banda… sobre mis piernas, acurrucados entre mis brazos llorando porque sus padres nunca estaban… nunca estuvieron para protegerlos, no sabían lo que era un abrazo sincero y desinteresado… sabían golpear, gritar, maldecir, pero no sabían decir te quiero, mucho menos llorar y liberar la carga

Tuve a las niñas violadas y golpeadas que aprendieron a ayudar a otras mujeres maltratadas, aprendieron a pedir ayuda y a dar apoyo y cobijo en los refugios…

Y cuando creyeron que ellos tenían una vida pobre y complicada, los lleve a la sierra con los indígenas de los campos de caña en mitad de la zafra a compartir con ellos las tortillas de maíz hechas a mano, que saben a gloria después de 3 horas caminando bajo el sol sin mas compañía que la de las canciones que ellos venían cantando, esa era otra selva no la de asfalto, era el campo abierto.

Y ahí fuimos a hacer teatro…para ellos a compartir vida y camino…

Sólo me resta decir que todos aprendieron a pararse frente a un público, a leer en voz alta, a escuchar poesía, a decir lo que pensaban, mientras yo, sentada en el suelo o en la banqueta junto a ellos los veía, hablarme de su mundo, ya era una de ellos todos habían enseñado a la maestra lo que es vivir, y sobrevivir en la “CALLE”


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