Por: Marlinda Estrada García (Pionera)
Los “Sabras” de Cancun: Volvieron a la tierra prometida en 1948. Llegaron de todas partes del mundo, llevaron sus lenguajes, sus costumbres, su música, su comida. Pasaron trabajos hicieron de un desierto inhabitable un país pequeño pero próspero; donde habían piedras pusieron tierra y plantaron los primeros aguacates, hoy son los principales proveedores de ellos en Europa; donde crecían hierbas hoy hay grandes cosechas. Usaron la más nueva tecnología pero también la sabiduría perdida en los siglos. No les fue fácil, nada se da fácil. Ese conglomerado humano heterogéneo se integro, por sobre las fricciones internas, y se enriqueció con los múltiples aportes culturales. Y en esa tierra nacieron hijos de rusos, polacos, alemanes, todos fueron israelitas. Se les llamo los “sabras”, los nacidos en Israel. Muchos de ellos, adolescentes aun tuvieron que pelear en las guerras regionales que todavía subsisten. Defendían no solo una nación; defendían su tierra.
Otros aventureros fueron llegando a una costa del norte de la península de Yucatán, a partir de 1970. Vinieron de todas partes de México, algunos del extranjero, fueron los pioneros, los primeros. Vieron en estas playas y esta selva su tierra de promisión. También junto con sus ilusiones y ahorritos trajeron un modo de vida. “La flor de Puebla”, “Tacos del D.F”, “Aquí es Guerrero”, “El venado”, “Chápala”, o “Jalisco”, nombres establecidos comerciales, son un reencuentro con las viejas costumbres, con el guisado “como lo hacia mamá”, con las melodías del trío o en violín y el guitarrón.
Aprendieron a convivir con tigres, serpientes, cocodrilos y tiburones. Convirtieron un pantano en un gran centro turístico mundial. Construyeron su ciudad en plena selva, la llamaron Cancún, el desafiante nombre maya llamado nido de víboras. También les fue duro, aun les sigue siendo duro. De cada diez personas que llegan a Cancún, nueve tienen que regresarse. Solo uno queda con el carácter templado, toda ingenuidad perdida.
También, a veces se pasan de duros con otros que como ellos acaban de llegarc con un morral de ilusiones. En esta sociedad en formación, que se transforma día a día, que crece sin medida, está surgiendo una nueva generación. Los niños que nacieron en Cancún y hoy tienen diez, o doce años. Niños inteligentes criados en un medio ambiente todavía sano, en medio de una maravillosa naturaleza, con mar, playa, sol, bien alimentados.
Las recientes festividades decembrinas permitieron la participación de muchos de estos niños. Hicieron piñatas, intervinieron en el delicioso ballet folklórico infantil, se disfrazaron de diablos y Ángeles en las pastorelas, cantaron los villancicos tradicionales, escribieron originales cuentos navideños. Tarde a tarde jalaron a sus padres a la Plaza de la Reforma, el Parque de Nuevos Horizontes. Allí participaron con sus aplausos, palmas y gritos; con su gran espíritu de iniciativa y energía, manifestada a veces en el desorden. Preguntaban cuando había otros eventos. Ana María Hinojosa, ganadora de la categoría infantil de cuentos, los alentaba a escribir, a mostrar su creatividad. En una palabra, a integrarse a esa corriente que va a dar frutos en pocos años, otros diez o doce, para que juntos construyan el Cancún del año 2000.
Los niños de Cancún, los pequeños “sabras”, y no uso el diminutivo para no hacer anuncios involucrados, los que nacieron con la camiseta de Cancún, los arraigados, los que aquí piensan vivir y quedarse, constituyen una autentica esperanza. No sólo para Quintana Roo, no sólo para México.
Como decía uno de los niños en su cuento, refiriéndose a un nacimiento de hace otros 2000 años: “con cada niño que nace, nace una esperanza de que el mundo cambie”.
Queridos amigos pioneros primera y segunda generación, y Cancunenses en general.
Estamos a punto de que Cancún cumpla cuarenta años, y recordé que tengo este artículo en el baúl de los recuerdos, y me pregunto:
¿Donde están estos ex niños “sabras”?, los niños que llegaron entre 1970 y 1980, que estudiaron en Bonfil, ETI, Wichita, Itzamna, Colegio Británico, etc. ¿estarán conscientes de lo que le ha pasado a Cancún estos años?, ¿es esta la sociedad que quieren?, ¿es esto lo que soñaban?, ¿son estos los gobiernos que nos merecemos?
Refiriéndome al cuento navideño “han nacido muchos niños, y el mundo no cambia”.
¿Será que ustedes y nosotros tendríamos que cambiar para que el mundo cambie?
Reflexionemos y hagamos algo, ¡involucrémonos con los movimientos civiles!, no creamos tantas mentiras por parte de los gobernantes en turno; ellos están tres años y cada tres años, llega uno peor que el anterior, no importa de qué partido sea.
Nosotros nos quedamos; “Cancún no es tierra de nadie”, nosotros somos Cancún, defendamos a Cancún.


